¿Mamuts en las praderas?

En los últimos años han surgido algunas historias más o menos peregrinas sobre la resurrección (o, más técnicamente, desextinción o de-extinción) de especies extintas, como los mamuts, o la paloma migratoria. Aunque pudiera parecer ciencia ficción, el hito se logró en 2003, cuando un grupo de investigación español logró la concepción y el nacimiento de un bucardo, que vivió durante 10 minutos.

Quizá estos casos son más polémicos y no cuentan con un apoyo mayoritario de la comunidad científica o la opinión pública, ya que se añade el uso de técnicas de clonación, que también plantean a muchos implicaciones éticas que aún hay que dirimir. Pero hay una forma más discreta de llevar a cabo el proceso, no con especies extintas, pero sí con especies cuya población ha desaparecido de una localización determinada.

Bisonte americano

Se habla entonces de reintroducción, como se pretende en este proyecto que quiere recuperar los bisontes en Montana, ya que se trata de especies que históricamente han habitado allí, y que desaparecieron en un pasado más o menos reciente. La labor pasa por llevar a la zona poblaciones de esa misma especie, con un pool genético lo más parecido al original y que tenga además garantías de viabilidad para la nueva población. Se llega así a cumplir uno de los objetivos más ambiciosos de la biología de la conservación: la recuperación in situ de una población amenazada (incluso desaparecida).

El problema estriba en que tantos esfuerzos pudieran estar demasiado centrados en la recuperación de una sola especie, alegando motivos históricos que no siempre se corresponden con la historia que entiende el sistema. ¿Acaso el ecosistema reserva el nicho de la especie desaparecida durante un tiempo prudencial, por si volviera? La verdad es que eso depende de la evolución que sigan las interacciones entre los elementos que quedan en ese sistema: el nicho puede quedar cubierto por otras especies que cohabiten allí, o la desaparición de una especie puede generar una oportunidad para que otras lleguen a ocupar su lugar; quizá los recursos sí sean lo bastante abundantes para que, si la especie retorna, pueda volver para quedarse.

Oso pardo

La cuestión es: ¿nos estamos haciendo en todos los casos estas preguntas? Introducir poblaciones en un sistema que ya no puede aceptarlas puede suponer el fracaso de la intervención, y conllevar la muerte de esos ejemplares. Es fundamental tener en cuenta las condiciones actuales del ecosistema, así como las consecuencias que tendrá la introducción, y no sólo pensar en si hace 500 años tal especie habitó en tal lugar. Sólo así se podrá garantizar que ese nuevo sistema creado será sostenible. La restauración ecológica, que sí debe plantearse todas estas preguntas, puede resultar una útil herramienta para la conservación de especies, y sus hábitats, como ya vimos en esta entrada sobre la laurisilva de las Azores.

 

ENGLISH VERSION:

In the last years, some more or less crazy stories have arised about the resurrection (or, more technically, de-extinction) of extinct species, like the wolly mammoth or the passenger pigeon. Although it could look like science-fiction, it was actually made in 2003, when a Spanish research group gave life to a bucardo, wich lived for 10 minutes.

Maybe these are more controversial cases and have no general support of the scientific community, since needs the use of cloning techniques, which implies extra ethical issues still in discussion. But there is a more discrete way to carry out the process, not with extinct species, but with those whose populations have disappeared in a cerain location.

We’re talking about reintroduction, here, as is intended in this project for recovering the American bison in Montana prairies. The term refers to species which have historically inhabited there, and disappeared in a relatively recent past. Populations of that same species have to be taken there, with a genetic pool as likely as possible to the original, but still giving place to a viable new population. This accomplishes one of the most ambitious objectives of conservation biology: the in situ recovery of an endangered (or gone) species.

The problem is that all those many efforts could be too focused on one species alone, pleading historical reasons that not always matches those the system understands. Is the ecosystem reserving the disappeared species niche for a prudential time, just in case it comes back? Truth is, it depends on the evolution of the interactions between the remaining elements of the system: the niche might be occupied by another species also living there, or one species absence can generate an opportunity for others to arrive; maybe there are enought resources, indeed, so the species can survive, if returned.

The point is: are we making ourselves all these questions? Introducing species in a system which can no longer support them can result in the fail of the intervention, and thus, the death of those animals. It is essential to consider the current conditions of the system, as well as the consequences the introduction will have, and not only think about what species lived where 500 years ago. That’s the only way of granting that the new system will be self-sustainable. Ecological restoration does makes all these questions, and may result a very useful tool for preserving species and their habitats, as seen in this previous post about the Azores laurissilva.

 

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