3 ( o 4) cosas que un restaurador de ecosistemas debe saber sobre los mercados financieros

En las últimas semanas el medio ambiente ha conseguido camuflarse e invadir las páginas “salmón” de los periódicos. Los fondos de inversión y los bancos más importantes del mundo apuestan por las renovables, o directamente se empiezan a incorporar criterios de capital natural en la toma de decisiones. Parece claro, por tanto,  que los que manejan los recursos (económicos) empiezan a entender o por lo menos intuir que el cambio de modelo es necesario, no sólo desde el punto de vista ético, sino porque pone en peligro los beneficios del propio sector financiero.

Lo cierto es que las instituciones financieras pueden llegar a tener un gran poder sobre el entorno socioeconómico, hasta el punto de que tienen la capacidad da cambiar el comportamiento de las empresas, las cuales dan cada vez más importancia a estar clasificadas en alguno de los índices que dirigen la inversión socialmente responsable como FSTSE4Good o Dow Jons  Sustainability World Indexes.

Sin embargo ¿Somos conscientes del verdadero papel que juega el sector financiero en la conservación de los ecosistemas? ¿Por qué los ecólogos/restauradores de ecosistesmas deberíamos preocuparnos del sector financiero? Un artículo publicado recientemente en Trends in Ecology and Evolution intenta precisamente acercar el mundo de los mercados financieros a la ecología y mostrar los efectos de la toma de decisiones en este sector sobre los ecosistemas.

En primer lugar cabe destacar que, contra todo pronóstico, no todos los fondos de inversión buscan un retorno económicos a toda costa sin importar nada más. Algunos de ellos toman sus decisiones de inversión en base a principios éticos y acuerdos internacionales como el Convenio de Diversidad Biológica, e influyen directamente en frenar la degradación de los ecosistemas .finance

Interacciones entre factores de timo social, ecológico y fianciero. Trends in Ecology & Evolution, October 2015, Vol. 30, No. 10

También es cierto que no siempre el sector financiero ha sabido evaluar de manera certera los riesgos ambientales y en algunos casos han pagado las consecuencias. Fue sonada la pérdida, no sólo reputacional sino económica, de Deutsche Bank que invirtió en el lanzamiento de la compañía China Tuna Industry Group’s a pesar de que los resultados de la empresa se basaban en la sobreexplotación de caladeros del Pacífico, con graves consecuencias ambientales tal y como puso de manifiesto Greenpeace.

Otro punto de presión de los mercados financieros sobre el medio ambiente son los “bonos verdes” y otros sistemas de compensación del impacto ambiental como los bancos de conservación que, con razón, aterra a gran parte de la comunidad científica, los profesionales del medio ambiente y la restauración de ecosistemas. Lo cierto es que estos mercados financieros están en expansión, incluso cuando no existe un acuerdo sobre los métodos a aplicar para que exista un impacto positivo sobre los ecosistemas. Es imprescindible que la comunidad científica y los expertos se involucren directamente en el desarrollo de los métodos e indicadores. Desde aquí os animamos a que así sea.

Además, los mercados financieros influyen directamente en los ecosistemas a través de la regulación del precio de los productos de consumo (comodities) y de los productos financeros derivados del precio de estos (derivative markets). Por ejemplo, si una comunidad depende directamente de los recursos maderables y la demanda de madera y el precio comienzan a subir, es muy probable que está actividad se intensifique con consecuencias directas sobre la biodiversidad y la degradación de los ecosistemas.

Es por esto que, a pesar de que exista cierta controversia con el hecho de “ponerle precio a la naturaleza” y valorar económicamente los servicios ecosistémicos, es importante conocer el valor de los mismos, tanto para las comunidades locales como para las empresas. Valorar los recursos naturales permite incluir los costes reales de esos recursos en la cuenta de resultados y confrontar el riesgo que supone perder un recurso clave con invertir en su conservación o su restauración, pudiendo asegurar así su sostenibilidad en el tiempo.

Y ahora, dado el poder que tiene el sector de las fianzas sobre los ecosistemas ¿creemos que podemos aportar algo para mejorar esta toma de decisiones?. En este sentido parece que nuestro papel no consiste sólo en aportar datos ecológicos al sector financiero, sino ayudar a la comprensión sobre la complejidad de los ecosistemas que pueda servir para llevar a cabo, entre otras cosas, una mejor evaluación del riesgo de desaparición de determinados ecosistemas y de los servicios que proveen. Se trata por tanto de hacerse entender, de acercar las ciencias de la vida a la economía y viceversa, de asistir al desarrollo de políticas y estrategias económicas con datos objetivos, pero en el formato que permita que sean incluidos de manera sencilla.

Foto destacada: www.constantinealexander.net

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