An the Oscar goes to… y otros impactos del cine

Comenzábamos esta semana con la resaca y el glamour de la ceremonia de los Oscar que, entre otras maravillas, nos regaló un discurso de Leonardo DiCaprio (premiado por fin!) cargado de emotividad y de conciencia ambiental acerca de cómo estamos influyendo en la transformación del planeta y cómo el cambio climático es un fiel reflejo de ello.

En palabras de DiCaprio “Climate change is real, it is happening right now. It is the most urgent threat facing our entire species and we need to stop procrastinating”

Desde el lado de los que trabajamos intentando corregir nuestro impacto en los ecosistemas, haciendo llegar la ciencia a los tomadores de decisiones, estás son sin duda palabras de aliento. El hecho de que los influencers por antonomasia de la sociedad hablen en estos términos, a pesar de que a algunos les suene a farándula, a nosotros nos parece de vital importancia.

Sin embargo, aquí nadie está libre de ser la mano que lanza la piedra y hoy precisamente queremos hablar de cómo contribuye la industria cinematográfica a la degradación de los ecosistemas. Y es que el cine (sobre todo las superproducciones cinematográficas) es uno de los sectores con mayor impacto ambiental, ¿lo sabías?.

La explosión de vehículos para efectos especiales, las emisiones de los generadores de diésel usados para encender un set o las emisiones generadas por una planta eléctrica que provee de energía a un estudio entero son sólo algunos de los impactos relacionados con el cine y para muchos bien conocidos.

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Spectre, la última película de James Bond cuenta con una de las mayores explosiones del cine.

Para remediarlo algunos grandes estudios de grabación se van sumando a la corriente de la eficiencia energética y parece que así consiguen compensar un poco sus impactos. Y decimos bien cuando decimos ‘un poco’ porque en realidad estos grandes estudios son una proporción pequeña de la industria, que básicamente se sostiene sobre una base amplia de pequeñas empresas que no aplican ningún tipo de medida para reducir sus efectos negativos sobre los ecosistemas. Pero es esto es sólo una parte del gran cuadro. Sólo solo los efectos intramuros   de una de las industrias más rentables del mundo.

La industria del cine obtuvo un beneficio de 83.000 millones de dólares a nivel mundial

Si abrimos un poco el plano, nos encontramos con otros impactos de la industria cinematográfica que son menos conocidos por la población. No estamos refiriendo al impacto directo de las grandes producciones sobre los paisajes y ecosistemas naturales en los que se graban imágenes espectaculares como las que aparecen en la recién galardonada Mad Max.

La gran oscarizada se grabó en uno de los desiertos más antiguos y más importantes del mundo no sólo por su extensión (unos 2000 km), sino porque para algunos científicos supone una eco-región en sí misma. La diversidad del Desierto del Namib es enorme, estando presentes desde grandes herbívoros hasta insectos y plantas con adaptaciones asombrosas.

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Escarabajo del desierto de Namib del género Stenocara capaz de condensar agua bajo sus élitros. Foto de Moongateclimber

El hábitat de todas estas especies está en un equilibrio frágil con unas condiciones ambientales extremas e inestables. La funcionalidad de estos ecosistemas está claramente limitado por la disponibilidad de agua y en el caso de las plantas, por la estabilidad del sustrato en que poder reclutar.

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Huellas de neumáticos generadas durante la grabación de Mad Max. Foto de Gerald Kolb.

En este ecosistema han quedado grabadas las huellas de los neumáticos de la película post-apocalíptica que tardarán décadas en desaparecer. Para más inri los responsables de la grabación quisieron borrar las marcas y para ello arrancaron individuos de especies vegetales únicas.

La lista de impactos es larga y lo peor de todo es que en este caso, el informe ambiental independiente que se llevó a cabo durante el proyecto de grabación, definía que efectivamente algunas zonas sensibles del Namib habían sido dañadas y que la consulta pública previa a la grabación había sido insuficiente.

Como fanáticos del cine y del medio ambiente que somos, creemos es importante darle una solución a este problema de modo que podamos seguir compatibilizando entretenimiento y capital natural. Los espacios naturales son un recurso valioso para las productoras a la hora de rodar en exteriores y son muchas las películas cuya calidad se construye entorno a los valores ambientales y paisajísticos en los que son grabados.

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La isla mínima se grabó en su gran mayoría en las marismas del Guadalquivir y el Parque Nacional de Doñana. Foto de  Hector Garrido

Por ello la protección y siempre que sea necesario restauración de dichas áreas protegidas son una responsabilidad de la industria cinematográfica para consigo misma y para las comunidades locales que habitan estos espacios. La industria del cine puede cambiar las reglas de este juego y convertirse en un generador de valor de los espacios naturales más allá del legado cultural que dejan a través de las películas. Sólo necesitan trabajar con expertos en ecosistemas y con los grupos locales.

Queridos productores, ¿os echamos una mano?

Foto destacada: Disney| ABC Television Group

 

 

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